Casals advirtió que el rechazo de un niño hacia un progenitor puede responder a causas distintas: resistencia justificada, ansiedad ante un reencuentro, dificultades de comunicación coparental, influencia de la red familiar, antecedentes traumáticos u otras circunstancias. Por ello propuso una evaluación contextual exhaustiva de la causa, el riesgo, la edad, la historia relacional y los recursos familiares.
Diferenció la coordinación de parentalidad de la terapia de revinculación, la mediación familiar clásica, la psicoterapia y la sustitución de la función judicial. La caracterizó como un conjunto de estrategias para reducir conflictividad, implementar planes de coparentalidad, mejorar la comunicación y resguardar el interés superior del niño.
Regla de prudencia propuesta: la revinculación no debe ser automática ni convertirse en un fin aislado. Debe ser gradual, segura, viable, proporcional y evaluada; el proceso debe poder detenerse, modificarse o suspenderse si las condiciones no protegen al niño.
También destacó el trabajo en red con escuela, salud, referentes comunitarios y sistema judicial, y la necesidad de formación interdisciplinaria en derecho de familia, psicología evolutiva, dinámica del conflicto, trauma, entrevista e informes para tribunales.